La falsa esperanza se repite en diferentes países y comunidades: un huracán o una tormenta llegará y resolverá la crisis hídrica de la zona. Y no será así, paliará la situación, pero no la remediará.

Durante mi participación en el Foro Reto Histórico: Agua para Nuevo León (agosto 4, 2022) hice hincapié que aún si llega la lluvia, no hay que bajar la guardia. La sequía no es un fenómeno pasajero y exige un cambio de actitud.

En el encuentro tuve oportunidad de intercambiar puntos de vista con Víctor Hugo Guerra, jefe del Centro Internacional del Agua de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL); Aldo Iván Ramírez, profesor-investigador del Tec de Monterrey, y Juan Ignacio Barragán, titular de Agua y Drenaje de la entidad.

En uno de mis turnos, expuse que la Cuenca del Río Bravo, a la que pertenece Nuevo León, es la de mayor estrés hídrico en el mundo. Las condiciones ya no volverán a ser las que eran antes de la crisis actual.

Para darle más énfasis y dejarle a la audiencia la inquietud, pregunté: “¿Qué pasaría si llegara esa lluvia milagrosa y salvadora? De una vez les digo, la respuesta es: nada. No vamos a regresar a la condición que teníamos, ésa es la nueva normalidad”.

Aldo Iván Ramírez, profesor e investigador, coincidió conmigo e hizo hincapié en que si viene un huracán será bienvenido, pero “tampoco podemos estar rezándole a que venga este fenómeno, tenemos que estar preparados”, dijo. Se requiere un cambio de actitud permanente, no hay otro camino.

Cuando la lluvia no llega, entonces se trae agua de otros lugares. Comenté que esa tampoco es la solución al problema. Les planteé la necesidad de poner límites al crecimiento, de fomentar la reforestación, la infraestructura verde, protección de áreas de recarga y de otorgar incentivos positivos para que los diferentes sectores productivos reduzcan el consumo del líquido y disminuyamos nuestro nivel de vulnerabilidad.

Durante la charla, Guerra, el jefe del Centro Internacional del Agua de la UANL, expuso varias propuestas, entre ellas un plan de manejo para el Río Pesquería y un proyecto para reconvertir la presa Rompepicos y que permita la infiltración y recarga de mantos. También se habló de construir una segunda presa de este tipo.

Los cuatro ponentes coincidimos en la necesidad de optimizar el manejo de las cuencas, fomentar el reúso y reducir la demanda, aunque se incremente la oferta de agua con otras fuentes.

Y una solución que se expuso para el usuario final fue establecer un programa de incentivos para la instalación de equipos ahorradores de agua en las casas, paisajismo nativo, reúso y captación de agua de lluvia.

Todas estas medidas son para prevenir un problema que no se resolverá solo con ayuda de la naturaleza: la sequía continuará y es necesario prepararse, adaptarse y darnos cuenta de que la disponibilidad del agua es en primer lugar, responsabilidad de todos.